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Tu bebé ha alcanzado 20 mm y ya puede llegar a pesar 1 gramo. De hecho, ya empieza a tener forma humana y en su carita se esbozan los párpados, el labio superior, la nariz y las orejas. En las extremidades podemos apreciar varios surcos que darán lugar a los dedos. Sin embargo, el hito más importante en esta semana es que los músculos del embrión empiezan a funcionar y, de esta manera, aparecen sus primeros movimientos involuntarios, que, evidentemente, no los podremos sentir porque el embrión es muy pequeño aún.

Hasta ahora, tu bebé se había nutrido a través de la vesícula vitelina, una pequeña bolsa llena de nutrientes. No obstante, el embrión cada vez necesita más alimento y oxígeno, de manera que precisa un órgano como la placenta para seguir desarrollándose. De esta manera, a partir de esta semana se empezará a nutrir de este tejido, formado como el embrión, a partir de la misma célula madre. La placenta es un tejido parecido a un bizcocho por su esponjosidad y su capacidad para alimentar al embrión, del que parte un tubo que lo une al ombligo del embrión. Se trata del cordón umbilical, a través del cual llegarán al vientre del futuro bebé los elementos nutritivos y el oxígeno que contiene la sangre de la madre, después de que la placenta haya actuado como filtro. Hay que recordar que todo lo que ingerimos pasa a nuestro bebé a través de la placenta, por lo que es fundamental que abandonemos el consumo de tabaco, alcohol o cualquier tipo de droga.

¿Qué me está pasando?

Pueden mantenerse las molestias derivadas del aumento del útero (a estas alturas ya mide el doble), como calambres, dolor menstrual, pinchazos y, al comprimir la vejiga, es normal que sintamos muchas ganas de hacer pipí. Muchas mujeres también experimentan un aumento de hambre. (link: Hambre en el embarazo)