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Alrededor del día 14 de tu período, como cada mes, uno de los ovarios libera un óvulo para ser captado por una de las trompas de Falopio. Este proceso es lo que se conoce como ovulación, el descenso del óvulo por la trompa de Falopio. Tus anteriores ovulaciones han acabado en menstruaciones, porque en este descenso el óvulo no había sido detenido por un espermatozoide y había acabado saliendo en forma de sangrado.

En cambio, durante este viaje de unos cinco días, se va a producir la fecundación, el encuentro entre el óvulo y el espermatozoide. Esta unión puede darse de dos maneras: en el coito o días posteriores al coito. Si se han tenido relaciones sexuales previas al momento de la ovulación y han quedado espermatozoides vivos (pueden llegar a vivir cinco días en un medio tan ideal como el moco cervical), uno de los espermatozoides estará a la espera de que baje el óvulo por la trompa de Falopio para fecundarlo. En este caso, se habrá producido la concepción antes de la ovulación y días después del coito. En cambio, si el óvulo es el primero en llegar al lugar de encuentro (la trompa de Falopio), sólo podrá esperar 24 horas, tras las cuales morirá y acabará saliendo en forma de menstruación.

ovul-fecundat

Una vez producido el encuentro, el espermatozoide penetra el óvulo y éste, al instante, se cierra. En este momento, se produce una fusión de las dos células reproductoras, el óvulo de la madre y el espermatozoide del padre. Tras esta unión, se forma la primera célula de lo que será nuestro bebé, el huevo o cigoto, la suma de los 23 cromosomas de cada progenitor. De esta manera, se crea una célula de 46 cromosomas, cada uno de los cuales está formado por millones de genes. En esta unión, cada progenitor ha aportado una carga genética distinta, un ADN que predeterminará las características físicas, el carácter y las habilidades del bebé.

El futuro embrión, el cigoto, tiene un largo recorrido por seguir hasta convertirse en tu bebé. Lo primero que tendrá que hacer es dejarse llevar por la trompa de Falopio, como si fuera transportado sobre un suelo mecánico. El interior de esta especie de túnel que son las trompas está forrado de cilios, cuya vibración continua ayuda al óvulo a desplazarse para llegar a su meta, el útero. Mientras tanto, en este desplazamiento se produce el período de segmentación, en el cual el cigoto se dividirá en dos células, luego estas dos células en cuatro, estas cuatro en ocho y así sucesivamente hasta convertirse en una especie de mora o frambuesa llamada mórula.

zigot

Cuando por fin llega al útero, algo que sucede al final de esta semana, la célula madre ya se ha multiplicado en diferentes células y la mórula pasa a ser un blastocisto. En el útero, todo estará preparado para acoger al recién llegado, para que se produzca la implantación en la pared interna del útero, el endometrio. La naturaleza lo tiene todo previsto para que el endometrio se convierta en un nido confortable y esponjoso que se irá adaptando a todas y cada una de las necesidades de tu pequeño durante los próximos nueve meses.

¿Cómo se forman los gemelos idénticos?
Tras la fecundación, la unión del espermatozoide y el óvulo forman una célula que se dividirá en dos, luego en cuatro y así sucesivamente. Si después de la primera división, las dos células son muy grandes, éstas se desarrollarán y multiplicarán por separado hasta convertirse en dos embriones que compartirán la misma placenta. De esta manera, tendremos gemelos creados a partir de un solo óvulo.

¿Y los mellizos?
En ocasiones, en las trompas de Falopio hay dos óvulos. Si da la casualidad que estos dos óvulos son fecundados por dos espermatozoides diferentes, tendremos mellizos. En este caso, cada óvulo fecundado dará lugar a un embrión con su respectiva placenta. Al provenir de dos espermatozoides y dos óvulos distintos, los bebés que nazcan no serán tan parecidos como los gemelos; en realidad, el parecido será el mismo al que pueden aspirar dos hermanos.

¿Qué me está pasando?
Entre cinco y diez días después de la concepción, en el momento de la implantación, se puede dar un pequeño sangrado similar a una discreta menstruación que no durará más de un día. Este sangrado de implantación no es muy habitual, ya que, de hecho, menos de un 30% de mujeres lo experimentan. De todos modos, también puedes notar ciertas molestias, como tensión en los pechos, irritabilidad, cambios de humor y cansancio.