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Existen varias teorías sobre cómo deben dormir los bebés. De hecho, el debate empieza en una cuestión aparentemente simple: ¿a dormir se aprende? Algunos especialistas en el sueño consideran que el hecho de dormir no se aprende, puesto que es una necesidad primaria, como el comer.

Sueño infantilLo incuestionable es que, a lo largo de la historia del ser humano y en cada tipo de comunidad, se han desarrollado unos rituales específicos asociados al sueño. Como mamíferos que somos, lo normal es que nos guste dormir acompañados, no sólo durante la lactancia o la infancia, sino a lo largo de toda nuestra vida. Algunas comunidades se han mantenido fieles a nuestras raíces, mientras que otras han cambiado el dormir en compañía por otras alternativas, condicionadas por múltiples factores.


En nuestra sociedad occidental, sobre todo en los últimos tiempos, en general se han venido estableciendo ciertos hábitos que nos sitúan en un cuadro diferente y dormir acompañado queda reservado a la pareja o a casos excepcionales: cuando el niño está enfermo y necesita vigilancia continua, cuando salimos de acampada..., es decir, cuando no queda más remedio.


El hecho es que en la sociedad en que vivimos, cuando nace un bebé, éste queda a expensas de las necesidades y obligaciones de sus padres (levantarse de madrugada para ir a trabajar, por ejemplo) y, por lo tanto, enseñarles a dormir solos supone, en algunos casos, una necesidad.


Richard Ferber, como referente en la pediatría estadounidense, y Eduard Estivill, en nuestro entorno, son dos de los especialistas que, a través de ciertas pautas de conducta, consideran que un bebé puede aprender a dormir para conseguir un régimen de descanso óptimo para toda la familia. Sus métodos han sido muy seguidos, pero también muy criticados, sobre todo últimamente, ya que muchos padres vuelven a nuestros orígenes optando por el colecho y la lactancia a demanda.


A continuación, os explicamos cuáles son los pasos básicos del llamado "método conductista" para prevenir los problemas de sueño:

1. Antes de llevar al bebé a su cuna, podemos iniciar un ritual para ir relajándolo. Le podemos dar un baño y, a continuación, darle la toma durante la cual el bebé debe permanecer despierto. Para evitar que se duerma en brazos, le hablamos suavemente y lo acariciamos. De esta manera, se le está inculcando que la comida y el sueño son actividades distintas.


2. Tras la toma, el bebé, erguido y frente a nosotros, estará despierto 15 minutos en brazos para expulsar gases y evitar, así, cólicos. Se le seguirá hablando suavemente y acariciándolo.


3. Si procede, le cambiamos el pañal, con suavidad y sin dejarle de hablar. Le podemos contar un cuento o cantarle una canción. A continuación, lo acostamos directamente en su cuna, le damos las buenas noches y salimos de la habitación mientras aún está despierto. Es importante que llegue despierto, porque de esta manera, cuando se despierte por la noche y vea que está solo y a oscuras, este contexto no lo asustará, ya que es exactamente el mismo que el que ha precedido el sueño y, por lo tanto, estará familiarizado con él. Se debe evitar cualquier estímulo externo que lo impulse a dormir: nada de mecerlo, cantarle, darle la mano, acariciarlo... No ha de hacerse porque, si recurrimos a alguna de estas prácticas, cuando el bebé se despierte, necesitará el mismo contacto para volver a dormirse.


4. Sin embargo, le podemos ofrecer un peluche o un chupete que sí lo podrán acompañar durante toda la noche. Para que se sienta seguro por la noche, es importante que el muñeco con el que duerma tenga nombre y le resulte muy agradable al bebé. De esta manera, cuando se despierte por la noche, su contacto lo ayudará a conciliar el sueño de nuevo.


5. Cuando el bebé se despierte llorando, los padres no deben acudir al instante. Estivill propone una tabla de espera progresiva, en la que establece unos tiempos determinados para entrar en la habitación del bebé y calmar su llanto. El método en sí consiste en ir espaciando cada vez más estos tiempos y no recurrir a ningún factor externo para dormir al niño, ya que el objetivo es que aprenda a dormirse solo, sin la necesidad de nuestra compañía. Eso sí, cuando entremos en su habitación, para evitar que se sienta abandonado, le diremos que lo queremos mucho, pero que es hora de dormir.

 

Evidentemente, el método de cada especialista propone múltiples situaciones que se pueden dar y las respectivas soluciones para conseguir el objetivo de los padres: que el bebé aprenda a dormir solo. Sin embargo, antes de aplicar un método determinado para que nuestros hijos duerman, es recomendable informarnos y, sobre todo, hablarlo en pareja para reflexionar sobre nuestras verdaderas necesidades y las de nuestro bebé.

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