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Cada mañana la misma lucha con tu hijo porque le cuesta levantarse de la cama. En TodoMaternidad, te explicamos qué puedes hacer para que sus despertares prometan un buen día.

Igual que sucede con algunos adultos, muchos niños se despiertan de mal humor, con apatía y, en su caso, incluso con lloriqueos. Los expertos señalan que hay distintos motivos que explican esta actitud. Saber por qué actúa así tu hijo, te ayudará a comprenderlo mejor y a buscar la solución más adecuada.

SueñoCausas de los despertares difíciles

- La misma naturaleza del niño lo predispone a despertarse quejoso porque, de entrada, le cuesta más que al adulto traspasar la frontera del sueño a la realidad. Por lo tanto, el tiempo y los mimos pueden actuar a nuestro favor.
- La falta de descanso también suele ser un motivo frecuente en estos casos. A menudo, los niños que se despiertan malhumorados no han descansado lo suficiente y necesitan más horas de sueño. Para evitar que esté demasiado cansado por la mañana, conviene que acuestes a tu hijo antes de las 21:30 y que duerma diez horas como mínimo.
- Algunos niños, aun habiendo dormido muchas horas, se despiertan apáticos. Es posible que esté pasando por un fase de cambios, que esté regulando sus ritmos. En este caso, hay que acompañarlo y darle tiempo, intentándolo animar con alguna canción o estimulándolo con alguna cosa que sepamos que le hará ilusión. Muy probablemente, tras el desayuno, se sentirá mejor.
- En ocasiones, el despertar difícil de algunos niños se debe a su rechazo a una determinada situación (no querer ir a la guardería, conflictos familiares...). De manera que conviene solucionar estos frentes, pues, seguramente, este malestar lo arrastrará durante todo el día.

Consejos prácticos en el momento de despertarlo

- A la altura del niño, susúrrale palabras tiernas y acaríciale suavemente. Estos pequeños gestos le transmiten a tu hijo el amor que sientes por él y le hacen saber que tú siempre estás disponible para él.
- Cuando se desperece y abra los ojos, regálale una sonrisa y explícale cómo está el tiempo fuera (si luce un sol hermoso, si cae una lluvia finísima, si hay rayos y truenos que se pueden ver por la ventana...). La idea es que el niño se ilusione por algo sencillo, pero atractivo a sus ojos infantiles, con tal de que quiera saltar de la cama.
- A veces, los abrazos o cogerlo un rato en brazos es lo más efectivo, pues sentirse arropado por los papás resulta reconfortante y, si ha lloriqueado, lo relajará.
- Nunca lo despiertes de forma repentina o brusca, con voces o encendiendo la luz. El niño necesita un tiempo para hacerse a la idea de que ha regresado al mundo real.

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