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En múltiples ocasiones hemos oído que cada niño es un mundo. En el caso de los niños prematuros, esto ha de ser llevado hasta sus últimas consecuencias, pues ellos, más aún, necesitan que nos fijemos en sus características peculiares para ayudarlos a desarrollarse. Por este motivo, cada niño prematuro tendrá que ser criado y educado en relación a sus necesidades particulares, ámbito en el que deberemos atender a las recomendaciones de los especialistas. Ellos son los encargados de seguir el desarrollo de nuestro hijo y además, por su propia profesión y experiencia, se hallan altamente cualificados para atender al pequeño.

PsicomotricidadCon todo, los mismos profesionales están de acuerdo en que es fundamental una misma base para el desarrollo óptimo de los niños prematuros. El ambiente no es determinante, pero puede ayudar a que el niño prematuro crezca en un entorno favorable a sus posibles limitaciones. A partir de la experiencia de maestros, pedagogos, neurólogos y pediatras, en Todomaternidad hemos preparado una pequeña lista para saber qué podemos hacer para que nuestro hijo prematuro crezca en el mejor de los entornos posibles:

  • Establecer una relación con el niño basada en el apego (Método Madre Canguro, lactancia materna...).
  • Facilitar momentos para el juego con el agua, la arena, la plastilina... todo aquello que pueda favorecer la psicomotricidad fina.
  • Hacer un uso racional de las nuevas tecnologías (la televisión, las consolas, los teléfonos móviles, los juguetes electrónicos...).
  • Evitar la fatiga sensorial. Desde el mismo momento en que nace, hay que alejar, en la medida de lo posible, al niño prematuro de toda fuente que genere demasiados estímulos luminosos, sonoros...
  • No sobrecargar su entorno de demasiados estímulos: la acumulación de cosas bloquea el deseo y satura los sentidos.
  • Facilitar el contacto con la naturaleza, ya que ésta es fuente de una estimulación suave.
  • Favorecer momentos de silencio y tranquilidad.
  • Incorporar en su rutina diaria muchos momentos para el juego libre no estructurado con la compañía de un adulto u otros niños, según la edad y las necesidades del pequeño.
  • Siempre que nos dirijamos al niño, establecer el contacto visual.
  • Anticiparle la información necesaria antes de realizar según qué actividades.
  • Explicarle cualquier cosa de forma sencilla y ejecutar órdenes cortas y claras.
  • Introducirlo en el mundo de la literatura de forma temprana a través de los cuentos puede ayudarlo en el futuro (repetirle el mismo cuento, pedirle su ayuda para que anticipe los hechos...), sobre todo si presenta algún trastorno relacionado con el habla.

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