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Es lógico que todos los que te han acompañado a lo largo de los nueve meses del embarazo se mueran de ganas por conocer a tu bebé. Sin embargo, han de tener claro que las visitas deben regirse por el sentido común. A continuación, ofrecemos algunos sencillos consejos para que las primeras visitas al recién nacido nos dejen a todos satisfechos.

Posparto- Pensar si nuestra presencia es improrrogable. Si la relación no es muy íntima (sea familia o amigos), la visita se puede postergar. Se ha de esperar a que los padres de la criatura digan cuándo les irá bien una visita o proponer una cita en un parque o cualquier otro lugar agradable para el bebé.

- Efectuar una llamada telefónica o un mensaje (mejor esta opción pues es más silenciosa y respetuosa) para preguntar si es posible visitar al bebé. Podemos aprovechar la llamada para ofrecer nuestra ayuda, para hacer la compra, para llevarles unos pañales o unas toallitas... para obsequiarles con una tortilla de patatas para la cena... cualquier cosa que sepamos que puedan necesitar los nuevos padres.

- Las visitas se hacen preferiblemente por las tardes, después de las 17 horas y antes de las 19 horas, para evitar interferencias con la siesta, el baño y el ritual que acompaña la llegada de la noche. Además, hay que tener en cuenta las horas de descanso de la madre y el niño con tal de no molestar.

- No atosigar al bebé pasándolo de brazos en brazos y haciéndole continuamente fotografías. El bebé no es un muñeco, puesto que lo único que necesita el bebé en sus primeros días (y en sus primeros meses de vida) es sentirse arropado por su mamá, en sus brazos, con el pecho siempre a punto para mamar.

- No alargar la visita más de media hora durante los primeros días. Esto debe hacerse, sobre todo, con las mamás primerizas, ya que necesitan silencio e intimidad para dar el pecho a su bebé o para alimentarlo con el biberón.

- Evitar comentarios pesados sobre la manera de proceder de los nuevos papás. Habitualmente, todos los que desfilan por tu casa (y más si se sienten respaldados por la experiencia de ser padres) se ven con la necesidad de dar consejos, sin caer muchas veces en la cuenta de que sus comentarios pueden resultar hirientes o, simplemente, poco afortunados.

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