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Entre todos los temas que giran alrededor de la crianza de nuestros bebés, el del sueño es, quizás, el que mayor controversia genera. Algunos padres ponen a dormir a sus bebés en su cunita y en una habitación distinta a la suya. Otros, optan por practicar el colecho (compartir la cama o habitación entre padres e hijos), aunque no todos lo hacen de forma consensuada con la pareja.

Colecho 2Son muchos los beneficios del colecho: sueño tranquilo del bebé, mayor autoestima en el futuro, optimización de la lactancia materna, mejora del descanso de toda la familia... Sin embargo, para que todas las ventajas de esta práctica se materialicen en nuestro hogar es necesario que el colecho sea practicado de manera natural y reflexionada por la pareja. Los padres deben estar de acuerdo en esta forma de dormir con el bebé para evitar malos entendidos y nunca se debe utilizar el colecho como excusa para tratar los problemas de la pareja, mucho menos si el niño no duerme a gusto con los padres.

Para que el colecho sea una práctica beneficiosa, los padres deben haber hablado sobre el tema teniendo en cuenta las necesidades del niño. Normalmente, cuando son bebés y hasta que tienen unos cinco años (a veces más y otra menos), todos ellos querrían dormir con sus padres, ya que es algo totalmente natural. El dilema sobreviene cuando a los padres no les agrada la idea del colecho o cuando se siente a disgusto alguno de los integrantes. En este caso, es bueno hablar sobre el tema, informarse sobre los beneficios del colecho y sobre los factores que hay que tener en cuenta para que el bebé no corra ningún riesgo. Quizá el problema sea el espacio, aunque es algo que, posiblemente, tenga solución colocando una cuna o una camita pegada a la cama grande.

Sin embargo, a veces el problema es mayor, puesto que tiene que ver con la manera de pensar de uno de los padres. De cualquier forma, lo mejor en estos casos sería buscar la coherencia con la manera de criar a nuestro hijo y acabar eligiendo la opción que mejor se adapta a las necesidades físicas y emocionales de todos los integrantes de la familia.

A veces los padres que no están muy convencidos sobre los beneficios del colecho, se sienten culpables cuando han metido alguna vez en su cama a sus hijos. Son padres que recurren al colecho sólo como último recurso, cuando el bebé o el niño lo reclama con llanto y desespero. Si se establece esta rutina, el colecho no reportará grandes beneficios, pues se asociará a un momento de estrés, de búsqueda desesperada de soluciones. Compartir nuestra cama con nuestro hijo a regañadientes y con enfado, tras una pelea con el niño, acabará afectando los resortes de nuestra convivencia en familia, haciendo que aparezca un sentimiento de culpabilidad tanto en el niño como en los padres.

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