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El colecho consiste en que los padres compartan el mismo espacio para dormir con sus bebés. Los últimos estudios consideran que su práctica favorece la lactancia materna y el descanso de la familia, entre otras muchas ventajas que comentaremos a continuación y que echarían por tierra todos los prejuicios contra el colecho que aún se oyen en nuestra sociedad.

Colecho 3- Disminuye el riesgo de muerte súbita del lactante.

Desde siempre, la mayoría de los niños han dormido con sus padres. Desgraciadamente, a veces, algunos amanecían muertos. Sin saber la causa exacta de estas muertes, ya en la Edad Media, los médicos empezaron a recomendar que los bebés durmieran solos en cunitas, e, incluso, se llegaron a dictar leyes para prohibir la práctica del colecho. Sin embargo, esta muertes se siguieron produciendo aunque los bebés durmieran solos. Hoy se le conoce este fenómeno como el síndrome de la muerte del lactante.
Hoy por hoy podemos casi asegurar que la muerte súbita del lactante se produce no porque los padres pongan a dormir a su bebé en su cama, sino porque quienes lo hacen no están en condiciones (están demasiado cansados, han bebido o han tomado alguna sustancia que los limita), sufren obesidad o no han prevenido problemas con la cama... De manera que, si se previene la seguridad del bebé, no hay riesgo para él; es más, tener cerca al bebé nos facilitará atenderlo en caso de que el bebé lo necesite (vómitos, cubrirse la cabeza con la sábana...), mientras que si duerme en su cunita o en otra habitación, será más complicado estar por él.

- Favorece el sueño de los padres

El colecho repercute positivamente en el descanso de los padres, ya que tener al lado al bebé facilita que se le pueda atender rápidamente, sin tener que levantarse de la cama. Ello, además, beneficiará nuestro día a día, porque, si descansamos bien, probablemente nos sentiremos con más energía.

- Favorece la autoestima del bebé.

Que el bebé sea atendido al momento refuerza la opinión que, en un futuro, tendrá de sí mismo, así como la confianza en los suyos. Todo ello genera una mayor tolerancia ante las situaciones de estrés porque son seres que han aprendido a afrontar la vida con optimismo sabiéndose protegidos desde pequeños por sus papás.

- Restablece la necesidad de contacto físico y emocional de toda la familia.

Muchas veces, la vida laboral de los padres impide que puedan pasar todo el tiempo deseado con los hijos. Por ello, poder compartir el mismo espacio para dormir supone una manera de recuperar el tiempo que no se ha estado con el bebé. El colecho no es sólo dormir juntos, también implica un ritual a la hora de dormir y a la hora de despertarse. Mimos, cosquillas, un cuento para dormir o para despertarse son momentos de intimidad que no sólo le convienen a nuestro hijo, sino también a nosotros mismos.

- Favorece el sueño tranquilo del bebé.

El ser humano se mantiene despierto cuando se siente amenazado o tiene miedo por una cuestión de supervivencia que viene grabada en nuestros genes. En cambio, cuando nos sentimos seguros podemos relajarnos para poder dormir. Esto sucede con los bebés, ya que, si son atendidos rápidamente, no llegan a despertarse por completo, sino que, simplemente, se desvelan y vuelven a coger el sueño enseguida, puesto que sus necesidades se restablecen. Cuando el bebé se ve obligado a llorar para alertar a sus papás de que necesita alimentarse o sentir su presencia, se acaba poniendo tan nervioso que el hecho de recuperar el sueño se convierte en una tarea complicada.

- Alivia los "problemas de sueño" del bebé.

Un bebé que se va dormir con sus papás cada noche, sabe que puede dormir tranquilo, sabiéndose protegido por sus padres. Esto hace que la rutina de irse a la cama se convierta en algo placentero y natural. No obstante, ello no significa que el bebé que duerme con sus padres deje de despertarse; en cambio, sí se evitan las rabietas por postergar la hora de dormir, el miedo a la oscuridad y a la soledad... algo que muchas familias y algunos médicos perciben como un problema o trastorno del sueño.

- Favorece la respiración del bebé.

Mientras la madre duerme y amamanta al bebé le está ofreciendo a la vez un patrón de respiración para que el bebé lo imite. Durante las primeras semanas de vida del bebé, el vínculo que se establece entre la madre y el bebé es tan grande, que los ciclos de sueño pueden sincronizarse, hasta el punto de que la madre aprende a despertarse justo antes de que el bebé precise alimento.

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