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Como padres y madres siempre buscamos cubrir las necesidades de nuestros hijos. Esas necesidades no sólo pasan por alimentarlos, proporcionarles un hogar o ciertos elementos materiales. Muchas veces, se olvidan las necesidades más importantes, aquéllas que tienen que ver con lo emocional y con su desarrollo psicológico.

En este punto, además, lo vivido en nuestras infancias toma un papel destacado. Si hemos sufrido represión, negación o manipulación respecto a estas necesidades en nuestra niñez, tendemos a reproducir el mismo patrón represor con nuestros hijos, debido al rechazo que despierta en nosotros la expresión de sus emociones.

llanto infantil

Un claro ejemplo es la rabia. Es una emoción como cualquier otra, pero nos produce pavor. No soportamos una rabieta infantil. Queremos que no se produzca a toda costa, y para ello ofrecemos al niño cosas a cambio (por ejemplo, chucherías, o algo que les guste). Ofreciéndole al niño algo, estamos premiando el no expresar una emoción (y, de paso, utilizando herramientas conductistas), con los daños psicológicos que eso conlleva. Además, estamos creando una ambivalencia peligrosa, en la que el niño siente rabia, pero no puede expresarla, porque cómo va a enfadarse con nosotros que le ofrecemos algo tan bueno a cambio...

Las emociones deben expresarse. Algunas veces, hay cosas que no se pueden hacer (siempre y cuando no se puedan hacer realmente y no se trate de empecinamiento adulto), y si nuestro hijo se enfada, su enfado es legítimo y debe ser expresado y acompañado con respeto y cercanía por nuestra parte, aunque se siga sin poder hacer lo que ha provocado el enfado. En esos momentos en los que ofrecemos algo a cambio estamos pensando, sin darnos ni cuenta, en que nosotros no soportamos la rabieta, sin pensar en lo más importante, el desarrollo del niño.

Debemos saber que las emociones no expresadas son la base de muchas patologías. Las emociones que no dejamos aflorar lejos de desaparecer, se acumulan, se magnifican y, al final, estallan, por ejemplo, en problemas de destructividad.

Por todo ello, os animo a que como padres, acompañéis a vuestros hijos en la vivencia de todas sus emociones, incluso, aquéllas más difíciles de gestionar como son las rabietas. El amor, la comprensión y el saber que nos tienen al lado, les ayudará mucho más de lo que nosotros pensamos.

Laura Perales Bermejo
Psicóloga infantil. Orientación reichiana, humanista, teoría del apego.
Colegiada M-26747

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Laura Perales Bermejo

LauraPSoy Laura Perales Bermejo, mamá y psicóloga infantil especializada en prevención (número de colegiada M-26747).

Mi enfoque engloba la Psicología Reichiana, la Teoría del Apego y la Psicología Humanista.

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