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A veces es necesario intervenir durante el parto. El problema es cuando la intervención se realiza por protocolo, por sistema, sin ser necesaria en absoluto. Cuando se permite progresar un parto sin interferir, a no ser que haya una causa de fuerza mayor, éste suele llegar a su fin sin complicaciones.

En nuestra sociedad actual, debido normalmente a los protocolos, sucede que no sólo se ignora que el parto no tiene porqué torcerse o que las intervenciones no son siempre necesarias, sino que se ignoran, del mismo modo, las consecuencias psicológicas.

EpisiotomíaEn mi consulta, numerosas madres narran con culpa sus partos, pese a no ser culpables de lo que ocurrió. Con miedo, por las consecuencias que haya podido tener para sus hijos. Con rabia, por lo que les hicieron. Con auténticas secuelas de trastorno de estrés postraumático y, en muchas ocasiones, con recuerdos bloqueados debido a lo dolorosos que son. De hecho, algunas madres que han sido víctimas de abuso sexual durante su infancia, reviven esta experiencia con la violencia ejercida contra ellas en el parto. Algunas, incluso, recuerdan esos abusos, cuyo recuerdo habían reprimido como defensa, al verse en esa situación.

A menudo, la episiotomía es una de esas prácticas a la que se recurre por simple protocolo. Una práctica que además concierne directamente a la zona genital de la mujer, lo cual afecta a su sexualidad. Precisamente, el orgasmo tiene como función regularnos energéticamente, descargar la energía sobrante, facilitar que no se estanque y se produzcan bloqueos psicocorporales. Hay mujeres que, tras la episiotomía, no sienten del mismo modo sus relaciones sexuales. Se sienten mutiladas, heridas.

Tras el parto, viene el puerperio. Se trata de un momento especialmente delicado para las emociones de la madre que, además, coincide con la llegada del bebé y todo lo que ello supone. Los puntos de la episiotomía tiran, recuerdan lo que ha pasado, impiden vivir ese momento tan especial como, en realidad, debería ser vivido. Es un momento tremendamente importante, ya que de ello depende el futuro psicológico del bebé. El bebé pesa y, al cogerlo para darle de mamar, los puntos vuelven a tirar, interfiriendo en la lactancia, en la consolidación del vínculo. Tras todas estas vivencias, la cicatriz, siempre presente, devuelve el recuerdo, la culpa, la rabia, la impotencia. El duelo por el cuerpo perdido.

Las personas que atienden partos siempre deberían tener por principio, por norma, la no intervención siempre que ésta no sea necesaria. Antes de realizarla, los profesionales de la maternidad tendrían que considerar la tremenda importancia de sus actos, el efecto mariposa que puede llegar a suponer el que practiquen este tipo de intervenciones cuando realmente no son necesarias. Sus acciones pueden marcar la diferencia, en sus manos recae parte de la responsabilidad de que haya vínculo o no, de que se establezca la lactancia materna o no, de que se viva la maternidad de un modo o de otro. Porque todos estos factores conforman la base de los bebés que se acabarán convirtiendo en los adultos del mundo del futuro.

Laura Perales Bermejo
Psicóloga infantil. Orientación reichiana, humanista, teoría del apego
Colegiada M-26747

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Laura Perales Bermejo

LauraPSoy Laura Perales Bermejo, mamá y psicóloga infantil especializada en prevención (número de colegiada M-26747).

Mi enfoque engloba la Psicología Reichiana, la Teoría del Apego y la Psicología Humanista.

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