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Muchas mujeres embarazadas se alarman ante cualquier pérdida de sangre, sin que ello sea normalmente un síntoma preocupante.
A lo largo de los primeros meses de la gestación, estas pérdidas no constituyen un fenómeno aislado, puesto que bastantes mujeres pasan por esta situación.

Con todo, hay que estar informados para saber por qué se ocasionan y en qué medida debemos actuar.

En ocasiones, durante las primeras semanas o los primeros meses del embarazo, el sangrado se produce a causa de la implantación incompleta del saco Embarazo sangradoembrionario en la pared interna del útero.
A medida que la gestación siga su proceso natural de desarrollo, la bolsa del feto irá aumentando de tamaño y las pequeñas roturas que en un principio se producían por el roce de los tejidos que aún no estaban bien adheridos, irán remitiendo hasta que desaparezcan estas incómodas pérdidas de sangre.

La cantidad y el color que adquieren estas manchas tampoco debe ser signo de alarma. Si son oscuras, significa que el sangrado originado por dichas roturas se ha ido oxidando mientras se ha mantenido dentro de nuestro cuerpo hasta ser expulsado. Por el contrario, si son de un rojo vivo, estaremos ante unas roturas recientes.

En general, este fenómeno se resolverá en el transcurso de la implantación del saco en el útero. No obstante, será necesario adoptar algunas medidas para facilitar este proceso y que no van más allá de evitar cualquier tipo de esfuerzo físico o de situación que pueda producir estrés psicológico.

Por último, cabe comentar que sólo en caso de que las pérdidas de sangre vengan acompañadas de dolores parecidos a los de la menstruación o que las pérdidas sean abundantes, deberemos acudir inmediatamente al centro de salud más cercano, puesto que estaremos, muy probablemente, ante una amenaza de aborto.

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