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Aunque muchos se sorprendan, el llanto del bebé tiene su parte positiva.
Eso no significa que debamos dejar llorar al bebé, sin intentar buscar una manera de consolarlo, sino que es un acto más diseñado por la naturaleza para comunicarse con los padres.

Llanto 3En primer lugar, hemos de tener en cuenta que, a través del llanto, el bebé libera tensiones, oxigena su organismo y aumenta su capacidad respiratoria al expandirse sus pulmones cuando se llenan de aire para gritar con mayor fuerza. Sin embargo, por muy mentalizados que estemos sobre la normalidad del llanto del bebé, en ocasiones hay que armarse de paciencia para intentar consolarlos.
Lo más importante es no perder la calma, puesto que, aunque parezca exagerado, los bebés son muy receptivos al entorno y si captan nerviosismo y ansiedad a través de malas caras o gritos, no estaremos ayudando al bebé a relajarse. En cambio, si intentamos mantenernos serenos y emplear las caricias y las palabras más dulces que sepamos, tendremos más posibilidades de que el bebé se contagie de este ambiente sosegado.

Si nuestra buena predisposición no funciona, tendremos que averiguar qué motivo causa el llanto del bebé, siendo lo más habitual el sueño, el hambre o la temperatura.
Los padres deben tener muy claro que el bebé, sobre todo el recién nacido, no llora porque le apetezca fastidiarnos, ya que, para empezar, su cerebro aún no está preparado para maquinar tales ideas.
No hemos de pensar que cuando acudimos a consolar al bebé lo estamos malcriando, puesto que, en realidad, lo que hacemos es responder a sus necesidades fisiológicas y de afecto.
Si no es por una dolencia mayor, un bebé llora simplemente para comunicarse, para decirnos que tiene sueño, hambre, calor, frío o, simplemente, ganas de sentirse protegido por sus papás.

 

 

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