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Todos los bebés acaban hablando, más tarde o más temprano, por poco interés que muestren los padres. Sin embargo, sabemos que no todos llegarán a dominar el lenguaje de la misma manera. En ello no interviene solamente la predisposición genética del bebé, sino también los estímulos externos que hayan recibido desde un buen principio.

bebeLo que debe guiarnos como padres no es la obsesión para que nuestro bebé sea el primero en hablar, sino la intención de rodearlo del ambiente más propicio para que las posibilidades de nuestro bebé sean colmadas. Por ello, podemos poner en práctica algunas medidas para ayudar a nuestro bebé a que establezca todas las conexiones neuronales para que, en un futuro, su manejo del lenguaje sea óptimo.
Los estudios científicos son tajantes al respecto: un 90% de las conexiones neuronales se producen antes de los tres años, mientras que el 10 % restante se produce entre los 3 y los 6 años del niño. Eso significa que las conexiones que no se han establecido en estos años, probablemente ya no se crearán. Teniendo en cuenta estos datos, vale la pena estar atentos a la estimulación que recibe nuestro bebé, respetando momentos de silencio y descanso, importantísimos para relajar la mente del bebé y para poder almacenar todos los conocimientos aprendidos.

¿Cómo ayudar a tu bebé a desarrollar todo su potencial lingüístico?

- Canciones y cuentos. Cántale mientras le meces y cuéntale cuentos apoyándote en algún libro adecuado a su edad. Oír la voz de sus seres queridos les encanta a los bebés, sobre todo si lo haces despacio y cambiando el tono de vez en cuando, como si estuvieras actuando. No es malo que los bebés escuchen música adaptada a su edad o, incluso, que vean imágenes en la pantalla que reproduzcan situaciones agradables y familiares. Sin embargo, conviene no abusar de estas alternativas y priorizar el contacto real entre el bebé y sus seres queridos.

- Repite sus balbuceos. Jugar a imitar al bebé, así refuerzas su autoestima y, además, lo inicias en el mundo de la conversación, incitándole a repetir los mismos sonidos o a producir nuevos. La idea es establecer un tipo de diálogo con el bebé aunque todas las intervenciones sean palabras inventadas o balbuceos.

- Háblale desde un buen principio. Aunque el bebé no parezca estar atento, aunque no te mire, aunque no hable, explícale lo que vas haciendo si le estás vistiendo o cambiando el pañal, si estás cocinando mientras él está en su trona o en el parque... Está comprobado que la riqueza de vocabulario está relacionada con el tiempo que los padres dedican a hablar a su bebé. Ahora bien, promueve el silencio en algunas ocasiones, aprovechando que el bebé se entretiene solito con sus manos, con un juguete... El silencio es fundamental en el aprendizaje, necesario para la reflexión, una de las cualidades del ser humano. Para aprender no sólo es necesario recibir información, sino también interiorizarla para poder consolidarla. Por ello, es básico que el bebé disfrute de momentos de calma total, sin pantallas encendidas, sin dispositivos electrónicos en marcha...

- Títeres de dedo. Representa pequeñas obras de teatro ante tu bebé o, simplemente, cántale canciones relacionadas con los títeres que mueves, que también pueden ser muñecos o caras dibujadas en los dedos (cuando el bebé pueda fijar mejor la vista). Con estos juegos, estás enseñando al bebé el arte de la conversación a partir de la interacción de los distintos personajes que tu voz va representando.

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