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El momento en que, por primera vez, dejamos a nuestro hijo en manos de otra persona marca un importante paso en la vida familiar. Se trata de una transición que, normalmente, es vivida con angustia y ansiedad, tanto por parte del niño como por parte de los padres. Sin embargo, con el paso de los días la situación tiende a normalizarse y nuestro hijo se acaba encontrando a gusto con sus nuevas rutinas. A continuación, te explicamos cómo hay que orientar esta transición para que se produzca de la manera menos brusca posible.

Los niños no están preparados para las separaciones hasta que no dominan ciertos aspectos del razonamiento. Como esto suele producirse a partir de los 3 años, no podemos esperar que vivan los primeros días de separación como una experiencia positiva. Además, hay que tener presente que cada niño tiene un ritmo distinto de aprendizaje y una sensibilidad determinada, que deberemos respetar para que la adaptación no sea traumática. Por ello, debemos apoyarlos y ayudarlos en esta transición.

psicomotricidadAdaptación gradual
Cuando queremos proponer cualquier cambio en la rutina de nuestros hijos, debemos hacerlo de forma gradual. Por ello, es conveniente que uno de los padres o una persona de referencia para el niño pueda disponer del tiempo necesario cuando nuestro hijo tenga que empezar la guardería o la escuela infantil, ya que la mayoría de estos centros cuentan con protocolos de adaptación. Durante los primeros días -en función del tipo de guardería serán más o menos flexibles- los padres podrán permanecer con el niño en el aula hasta que los niños estén tranquilos y confiados con la nueva persona de referencia. Además, las educadoras, durante un plazo que puede rondar la semana, suelen establecer dos turnos para separar la clase en dos grupos; así, por ejemplo, un grupo de niños acude de las 9 a las 11 horas y el siguiente de las 11 a las 13 horas. Otros centros cuentan con una educadora de apoyo que ayudará a la maestra durante un mes, para que los niños puedan estar mejor atendidos en su adaptación escolar.

La actitud de los adultos
En primer lugar, cuando dejamos a nuestro hijo en una guardería o en una escuela, debemos asegurarnos de que hemos tomado la mejor opción para satisfacer nuestras necesidades y las de nuestro hijo. Asimismo, debemos hacer un esfuerzo por confiar en los profesionales que atenderán al pequeño. Depende del niño pero, en un principio, cuando es mayor de tres años, el niño empieza a estar preparado para ir superando estos baches, sobre todo cuando lo que le rodea es agradable y divertido. Por ello, también debemos confiar plenamente en él y en su propia capacidad de cambio y adaptación.
Con todo, en nuestra actitud hacia el nuevo cambio está la clave. Para poder crecer correctamente en todos los ámbitos, el niño necesita unos adultos fuertes que no se dejen llevar por el sufrimiento que conllevan algunos cambios, como es la separación familiar que implica el inicio escolar. A su vez, han de mostrarse comprensivos y tolerantes con las distintas reacciones que tenga el niño, reconfortándolos con cariño y mucha atención. Hay que tener presente que el niño crece psicológicamente cuando, ante una situación de cambio, encuentra en sus padres una actitud de comprensión y apoyo. El niño debe sentir que, a pesar de no poder ahorrarles algunas dificultades, sus padres lo ayudarán a superarlas juntos.

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