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La incorporación a la guardería y, posteriormente, a la escuela suele marcar un antes y un después en el desarrollo de los niños. Sin embargo, si nos implicamos en sus emociones y nos aseguramos de que cuentan con nuestra ayuda y nuestra total comprensión, los niños acabarán entendiendo que, en todos los grandes pasos que den en su vida, los padres seremos su apoyo incondicional. En TodoMaternidad queremos ayudarte a que los primeros días de tu hijo en la escuela sean vividos con normalidad y entusiasmo. A continuación, te ofrecemos una serie de indicaciones para que las pongas a prueba con el fin de hacer más fácil este importante cambio en vuestras vidas.

Confianza y seguridad cuando decimos adiós
- El niño no debe entender que nos cuesta despedirnos, pues somos su persona de referencia. Le decimos adiós una vez con mucha ternura, explicándoles de forma sencilla y clara que se quedarán un ratito en la escuela con su maestra y sus compañeros y que, cuando acaben de jugar y cantar, regresaremos a recogerlo.
- Es contraproducente despedirnos muchas veces o quedarnos espiando por la ventana porque le alargamos el sufrimiento.
- Tampoco hay que desaparecer sin más: no decirle nada puede provocar que el niño se sienta abandonado, traicionado o engañado.
- El objetivo, a largo plazo, tiene que ser que el niño entienda que decir "adiós" o "hasta luego" no implica una separación definitiva.

Comunicación entre la educadora y la familia
- Cuando vayamos a recogerlo, observaremos cómo interactúa con la educadora o la maestra. Si la comunicación con ella es más o menos fluida y nuestro hijo se deja consolar por ella, significa que se está adaptando a la nueva situación, a pesar de que lo hayamos dejado llorando por la mañana.
- Comentar a la educadora los aspectos que creamos que debe conocer sobre la personalidad o hábitos de nuestro hijo. El objetivo no debe ser que lo sobreprotejan, sino, sencillamente, establecer una relación de confianza para que se afiance cuanto antes el nuevo vínculo entre la maestra y el niño.

Empezar el coleActitud positiva por parte de los padres
- Anticipar a los niños su adaptación a la escuela: que tengan contacto con el centro, la clase y, a poder ser, con la educadora a través de una fotografía o el contacto directo con ella unos días antes de empezar las clases.
- Siempre que sea posible, le explicaremos al niño, de la forma más natural posible, que en la guardería o en la escuela se llevan a cabo actividades muy divertidas, como jugar con aros y pelotas, pintar con las manos o pinceles...
- También conviene comentarle que conocerá a niños nuevos y, si es el caso y creemos que a nuestro hijo le puede resultar un aliciente, comentarle que alguno de sus amiguitos del parque o del vecindario también irá con él a la escuela.
- Son útiles los libros que tratan sobre los primeros días en la escuela para que se sienta identificado con los personajes del cuento.

Adaptar las rutinas del niño a los nuevos horarios
- Días antes de empezar el colegio o la guardería, hay que empezar a ajustar sus rutinas al horario del centro. Aunque pueda depender de la edad, en un principio necesitan dormir un mínimo de diez horas para que al siguiente día se sientan descansados y no estén irritables.

Adaptación gradual
- Si nuestra idea es que el niño pase todo el día en la guardería, conviene que, al principio, hasta que esté más o menos adaptado, sólo permanezca en el centro unas horas por la mañana. Debemos recordar que la separación debe ser progresiva para que el niño pueda adaptarse gradualmente a la nueva situación.
- En las escuelas, los horarios suelen ser más rígidos y todos los padres acuden a una misma hora a recoger a sus hijos. En cambio, en la guardería los padres pueden ir a buscar a su hijo en cualquier momento. En este caso, es aconsejable que, durante los primeros días, no nos presentemos siempre a la misma hora, ya que los niños pueden asociar una actividad concreta a la llegada de una persona determinada.

Atender a las peculiaridades de nuestro hijo
- Es recomendable que nuestro hijo lleve a la guardería lo que se conoce como objetos de transición. Se trata de simples elementos, como algún juguete o peluche, por el que sienta especial afecto y le haga sentir seguro en momentos difíciles porque le recuerda y vincula a su entorno conocido. Sin embargo, en determinados casos, como en bebés más pequeños, también se suele recomendar que lleve su chupete o su biberón.
- En ocasiones, es preferible que el encargado de dejar al niño en la guardería o en la escuela no sea la madre, pues la separación sería más dura, sino el padre o alguna persona de referencia para el niño.
- Estar muy atentos a las emociones del niño y a sus cambios de comportamiento. Intentar compensar el bache que supone este cambio con más cariño y más juego, evitando recurrir a los regalos materiales o a las chucherías.
- Procurar que su incorporación a la escuela no coincida con otros cambios importantes: quitar pañales, cambio de cama, nacimiento de un hermanito, ausencia por motivos laborales de uno de los padres...

Todos estos consejos pretenden acortar el sufrimiento del niño. Con todo, hemos de ser conscientes de que, aunque los sigamos a pies juntillas, lo más posible es que el niño llore cuando nos vea marchar, pues es normal e, incluso, sano que sienta angustia o ansiedad al separarse de sus padres. No obstante, siguiendo estas recomendaciones le estaremos enseñando al niño que no lo abandonamos sin más en un lugar hostil, puesto que en este nuevo espacio contará, por un lado, con el apoyo y el cariño de su maestra y, por otro, con nuestro regreso a la hora convenida.

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