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En torno a la fiebre circulan muchos mitos que no siempre tienen una base sólida en la que se sustenten. En Todomaternidad abordamos todas las ideas que nuestra sociedad ha ido creando sobre la fiebre para entender por qué es necesario y sano proceder con sensatez y sin alarmarse ante una subida de temperatura de nuestros pequeños.

Fiebre infantilLo que todo el mundo debería saber sobre la fiebre

Es normal que, cuando nuestro hijo tiene fiebre, nos preocupemos. Sin embargo, lejos de ser considerada como un signo de alarma, la fiebre debería considerarse como lo que en realidad es: una reacción de nuestro cuerpo para luchar contra las infecciones, que pueden ser de origen vírico o bacteriano. La subida de temperatura tiene una misión muy importante para que tu hijo se cure: facilitar la destrucción de los gérmenes que causan la infección. Por ello, la fiebre se tiene que ver como un mecanismo de defensa, que sólo habrá que tratar cuando la temperatura sea demasiado elevada.

Los mitos más arraigados en nuestra sociedad

  • La fiebre alta causa daño cerebral permanente. Sin embargo, sólo cuando la temperatura es muy elevada, es decir, superior a los 42ºC, hay riesgo.

  • La fiebre elevada provoca meningitis. En cualquier caso, la relación es inversa, la enfermedad (la meningitis) puede, en ocasiones, originar fiebre alta. En el caso de las fiebres altas que se mantienen más de cuatro días pueden deberse a enfermedades víricas, que sólo cesarán cuando el sistema inmunológico del niño haya ganado la batalla contra los virus de la infección.

  • La fiebre elevada causa convulsiones febriles. Las convulsiones febriles se suelen producir al principio del episodio febril, a veces, cuando ni siquiera los padres sospechan que su hijo tiene fiebre. Normalmente, la mayoría de convulsiones febriles en niños no causan complicaciones y, con la edad, suelen espaciarse o desaparecer.

  • La fiebre alta mantenida implica gravedad. Algunos niños presentan cuadros de fiebre elevada que pueden estar originados por cuadros virales; por lo tanto, no hay que angustiarse. A los virus los combate el propio organismo, por lo que sólo se ha de esperar. También ocurre que, tras fiebres no demasiado altas, pueden esconderse procesos graves. Por ello, no podemos decir que la fiebre, aunque sea alta, sea siempre síntoma de gravedad.

  • La fiebre requiere la administración de antibióticos. Los antibióticos sólo son efectivos cuando las bacterias son las responsables de la infección. Está estudiado que más del 90% de los procesos febriles en niños tienen que ver con virus; por lo tanto, los antibióticos no son necesarios la mayoría de las veces.

  • Mejor prevenir que curar. Bajo este refrán se escudan muchos padres que, a la mínima que notan a sus hijos un poco calientes, les dan paracetamol o ibuprofeno, es decir, los antitérmicos más socorridos. Como hemos dicho, la fiebre tiene una función en nuestro organismo y sólo hay que actuar cuando es elevada o el niño presenta malestar o decaimiento. Ha de quedar claro que, al medicar al niño o intentar paliar su malestar con remedios naturales, estamos intentando aliviar las molestias de la enfermedad, porque en sí la fiebre no es mala. Sin dejar de vigilar al niño, no hay que obsesionarse con bajar la temperatura y nunca exceder la dosis recomendada de los medicamentos, pues pueden llegar a intoxicar al pequeño. Lo mejor es permanecer al lado del niño, si es necesario consultar al pediatra, observar qué otros síntomas pueden o no ir apareciendo y facilitarles un entorno confortable para evitar que se encuentre peor.

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